▷ Dieta cetogénica y cáncer

¿Qué es el cáncer?

 

 

Entendemos por cáncer a todo proceso que cursa con desarrollo hiperplásico de las células y que desarrolla una masa tumoral con riesgo de infiltración en tejidos vecinos, metástasis, debilidad y potencial muerte del organismo, sin guardar relación con demandas fisiológicas de dicho órgano.

 

Históricamente se ha considerado el cáncer como una enfermedad genética, donde la modificación y presencia de algunos genes provoca la rápida división de ciertas células sin control que evitan los filtros naturales de muerte celular, provocando divisiones continuas sin fin.

A pesar de los avances continuos en materia sanitaria cada vez son más las personas que padecen y sucumben ante esta enfermedad, lo cual nos hace plantearnos si las teorías sobre su origen son correctas y si nuestro estilo de vida (alimentación incluida) no están involucrados.

 

 

¿Cáncer, enfermedad genética?

 

 

Si bien no podemos descartar que la genética tenga un papel fundamental a la hora de desarrollarlo, cada vez más teorías abogan por que ésta sea realmente una enfermedad mitocondrial, dónde la disfunción de estas provoca la necesidad de la célula de depender en exceso del metabolismo de la glucosa, el cual es masivamente utilizado por las células cancerígenas para reproducirse. Es importante recordar que el metabolismo de las células cancerosas se encuentra alterado y presenta un incremento de la glucólisis fermentativa, aún en presencia de oxígeno.

Es por esta misma razón que debemos entender la nutrición como un elemento fundamental para tratar la enfermedad, y como un pilar básico para evitarla y como terapia coadyuvante contra la misma. En este sentido, se propone que, la dieta cetogénica, al caracterizarse por un aporte elevado de grasas, un requerimiento adecuado de proteínas y la restricción del flujo de hidratos de carbono podría ayudar a prevenir o tratar el cáncer al reducir el estrés oxidativo, la inflamación y señalización celular que sucede como respuesta a la insulina (posible mediador entre la obesidad y el riesgo de cáncer).

Estas corrientes de investigación, lideradas entre otros por el Dr. Thomas Seyfried, otorgan gran parte de la culpa del desarrollo de esta patología a nuestro estilo de vida.

 

 

Algunos investigadores actuales como el Doctor Dominic D´Agostino propone tres puntos clave para evitar activar aquellos genes que provocarán un exceso de consumo de glucosa por parte de nuestras células, evitando así la activación de estos genes pro-cancerígenos.

 

 

  •  Para ello sería interesante basarnos en una reducción de los niveles de insulina (la insulina se segrega en mayor medida con el consumo de azúcares y carbohidratos de rápida absorción), activadora de la conocida ruta mTOR, la cual es la principal activadora del crecimiento celular a nivel metabólico.
  •  Otro punto que se investiga es el efecto de la autofagia, el proceso por el cual el cuerpo reutiliza los componentes inservibles o dañados de nuestro organismo con el fin de proporcionar nuevos combustible y reparar otros tejidos. 
  • Como ya hemos mencionado la células cancerígenas presentan un metabolismo de la glucosa hasta 200 veces mayor que una célula normal. Unos niveles estables de glucosa en sangre sin continuas variaciones post-prandiales se antojan como una herramienta muy útil, con evidencia y de la que todavía queda mucho por investigar. Para ello debemos evitar aquellos hidratos de carbono con mayor índice glucémico y aquellos que por supuesto no incluyan la fibra naturalmente presente en ellos, hablamos de la fibra alimenticia.

 

Algunos estudios han demostrado que la combinación de dieta hipocalórica con supresión de carbohidratos ha frenado e incluso revertido tumores cerebrales en ratones.

Estas teorías están sustentadas desde hace décadas con estudios donde se trasplantaron núcleos de células cancerígenas a células con mitocondrias sanos sin desarrollo de enfermedad en ratas. Sin embargo, al trasplantar núcleos sanos a células con las mitocondrias dañadas, más del 95% de las mismas desarrollaron cáncer.

 

Parece coherente pensar que la salud de nuestro metabolismo y la forma en la que obtenemos la energía influye directamente en el desarrollo de esta enfermedad, tanto o más que los factores genéticos que nos predisponen a ella.

 

 

Grasas saturadas, grasas Omega 6 y cáncer

 

 

Diversos estudios han demostrado también la incidencia de la presencia de ciertas grasas en la dieta así como una proporción desbalanceada de estas en cuanto al peligro de desarrollo de cánceres como mama, colorrectal o prostático.

Mientras que el exceso de grasas saturadas, grasas trans y exceso de omega-6 característico de las dietas occidentales actuales se relacionan con un aumento de la tasa de aparición de cáncer, otras como la grasas poliinsaturadas omega-3 presentes en pescados y algas se relacionan con un descenso del desarrollo de la patología y con una mejorar notable en las condiciones de vida a nivel general. Podemos observar la diferencia en las diferencias de tasas de cáncer entre algunos países de la zonas mediterránea con respecto a Estados Unidos, teniendo en cuenta que la tasa de consumo de grasa de los mediterráneos es mucho mayor. Esto se debe como hemos comentado a la calidad de las grasas consumidas, no tanto así a su cantidad.

Este aspecto nos indica una acción específica de las grasas, más allá de su aporte calórico, por lo que cuidar la relación omega-6/ omega-3 (con proporciones cercanas a 30/1 en la dieta actual americana y cada vez más en las europeas) podría ser un foco de estudio de interés en el desarrollo de nuevas armas contra las neoplasias en el futuro, sabiendo ya que su relación con el desarrollo de estas es indiscutible. 

 

 

¿Qué alimentos han demostrado su eficacia frente al cáncer?

 

 

Pescados (Omega-3 EPA y DHA)

Como hemos comentado por encima anteriormente, algunos estudios ecológicos han demostrado una relación entre consumos elevados de pescado per cápita y menores tasas de incidencia de cáncer de mama, protático, de endometrio, de ovario, colon, hígado y páncreas además de reducir el crecimiento de líneas celulares tumorales de mama, colon, páncreas, melanoma y leucémicas en la población.

 

Ácido linoleico conjugado

Diversos estudios en animales y humanos han demostrado la capacidad anticancerosa de este ácido graso por efecto de varias vías y mecanismos entre los que destacan: alteración de la respuesta inmune en las células cancerosas, influencia en factores de expresión génica que conllevan a cambios en la diferenciación celular, disminución del crecimiento celular inducido por estrógenos y disminución de la producción de radicales libres y especies reactivas de oxígeno (inflamación), y por último implicación en mecanismo relacionados con la sensibilidad a la insulina. Podemos encontrar este ácido en aceites crudos de semillas, frutos secos y huevos.

 

 

Aceite de oliva

Cabe destacar que existe una correlación entre la absorción de ciertos compuestos del aceite de oliva y la protección frente a diferentes patologías como el cáncer de mama, o en la piel, mientras que aquellos compuestos que no se absorben llegando a las partes distales del intestino pueden impedir la aparición de cáncer colorrectal.

Por otra parte, algunas investigaciones realizadas, han demostrado que el ácido oleico (18: 1n-9) es capaz de inhibir la sobreexpresión del oncogen Her-2/neu, característico de los tumores mamarios, actuando de forma sinérgica con la inmunoterapia utilizada para activar la apoptosis de las células cancerosas, aportando un mecanismo molecular novedoso por el cual los ácidos grasos pueden controlar el comportamiento maligno del cáncer de mama y contribuir a su tratamiento.

 

No obstante, hay estudios contradictorios en relación al posible efecto del ácido oleico sobre las etapas de promoción, progresión y metástasis, ya que, unos describen un papel supresor de dicho ácido graso mientras que otros indican ausencia de efecto.

 

Fibra

Los estudios han mostrado resultados discordantes con respecto a la fibra y su influencia en el riesgo de desarrollo del cáncer, mostrando resultados beneficiosos o nulos.

 

La explicación podría ser la diferencia entre las cantidades de fibra de diversos estudios así como el tipo de fibra y el origen de esta.

 

Sin embargo parece lógico pensar que la capacidad de reducir la velocidad de absorción de los azúcares con la que la fibra viene naturalmente presente puede estar relacionada con su efecto protector en el desarrollo de cáncer.

 

Lácteos y calcio

 

 

El consumo de lácteos se asocia con una disminución del 11% en el riesgo de padecer cáncer de colon, asociándose esta disminución en el riesgo a alimentos con suplemento o con buenas aportaciones de calcio.

 

Verduras y frutas

A pesar de limitaciones en la metodología de los estudios, existe una evidencia convincente de asociaciones de riesgo inversas con el consumo de verduras y frutas en cáncer de boca y faringe, esófago, pulmón, estómago, colon y recto. Los efectos más fuertes se observaron en verduras del género Brassica como son repollo coliflor y brócoli. 

 

 

 

Otros factores de riesgo

 

 

Como ya es por todos conocido otros factores pueden hacer aumentar el riesgo de sufrir todo tipo de neoplasias, con especial prevalencia de algunas como el cáncer de colon. Estos factores son el consumo de alcohol, tabaco, falta de actividad física y obesidad. 

Estudios demuestran un aumento de incidencia a partir de los 30 gramos de alcohol de consumo diario, independientemente del tipo de bebida que se consuma.

 

Lo mismo ocurre con la actividad física, la cual tiene una relación protectora con respecto al riesgo de desarrollar cáncer, pero no se conocen de forma directa los mecanismos implicados.

 

Del mismo modo diversos estudios ponen en evidencia una relación directa entre el sobrepeso y obesidad y el riesgo de padecer cáncer de colon sobre todo en hombres.

La resistencia a la insulina parece jugar un papel importante dentro del riesgo a desarrollar la patología. Este fenómeno se ve promovido por grandes concentraciones de la hormona en sangre y que cada vez va perdiendo en mayor medida su eficacia a la hora de introducir la glucosa dentro de las células, provocando a su vez mayor necesidad de segregar mayores cantidades de insulina y acumulación de grasa, lo que puede derivar a su vez en el desarrollo de otras patologías de riesgo mencionadas como obesidad y Diabetes Mellitus tipo 2.

 

 

Dieta alta en grasas ¿buena o mala?

 

 

La dieta baja en hidratos de carbonos y azúcares parece conducir inevitablemente a una mayor proporción de grasas que conviertan a la dieta cetogénica en una opción perfectamente viable para el tratamiento de muchas patologías, incluido el cáncer.

Sin embargo, este hecho sigue levantando controversia por la existencia de estudios que asocian un alto contenido de grasas a mayor riesgo de padecer ciertos tipos de cáncer. Estos estudios deben ser interpretados ya que en muchas ocasiones estos estudios eran observacionales y un consumo alto de grasas puede ir asociado a consumos elevados de azúcares y productos ultraporcesados, así como estilos de vida poco saludables.

Lo que parece ser claro es que no influye tanto la cantidad que comemos como la calidad de lo que comemos cuando hablamos del consumo de grasa. Como hemos mencionado el consumo de ácido oleico proveniente del aceite de oliva se relaciona inversamente con la posibilidad de desarrollar cáncer. Sin embargo, la relación entre el consumo de grasas hidrogenadas trans y grasas poliinsaturas calentadas (características de ultraprocesados) parecen relacionarse con un aumento del desarrollo de la patología.

 

 

Formas de cocinado

 

 

Como hemos mencionado, mucho de los aceites vegetales que se usan habitualmente para el cocinado tienen un punto de humeo (temperatura a la cual se sobrecalientan, se oxidan y pierden sus posibles propiedades) muy bajo, por lo que al ser utilizados en la cocina adquieren un riesgo de generar especies reactivas de oxígeno con gran potencial oxidativo para el organismo.

 

Es por esto que debemos evitar este tipo de aceites refinados de semillas para la cocina, y decantarnos por grasas saturadas como mantequilla de calidad, aceite de coco o incluso aceite de oliva virgen extra, con mejores propiedades en los relativo a su calentamiento.

Otras posibilidades de cocinado son aquellas que respetan las propiedades del alimentos, sin ser excesivamente agresivas para la conservación de sus micronutrientes, hablamos de cocina al horno, pochado, a la plancha o cocinado a vapor.

 

 

Alimentación en quimioterapia

 

 

Encontramos multitud de ideas y afirmaciones en lo que a la nutrición complementaria al tratamiento de quimioterapia se refiere. Sin embargo lo que podemos sacar en común de la mayoría de ellos es que reducen significativamente los alimentos elevados en carbohidratos y aquellos que se mantienen vienen acompañados de su fibra natural.

De esta forma y por orden de adecuación, el libro “la alimentación que te favorece durante la quimio” clasifica como muy recomendables:

 

Verduras:

 

Alcachofas, espárragos, rúcula, aguacates, pimientos, col china, brócoli, col, berzas, hinojo, ajo, col rizada, puerros, setas, cebollas, algas, espinacas, germinados, batatas, acelgas.

 

 Frutas:

 

Manzanas verdes, moras, arándanos, limón, lima, granadas, frambuesa (carga glucémica muy baja)

 

Frutos secos, semillas y aceites:

 

Almendras, anacardos, chía, aceite de coco, aceite de oliva virgen extra, linaza, semillas de calabaza, nueces.

 

Especias y hierbas:

 

Albahaca, cayena, guindilla, canela, comino, jengibre, orégano, perejil, menta, romero, espirulina.

 

Según vamos bajando en las recomendaciones, apreciamos que otras frutas y verduras son recomendables también, pero menos en cuanto su carga glucémica va aumentando, situándose los cereales y legumbres en el último escalón de recomendaciones. Como hemos hablado esto se debe a su reacción insulínica y su potencial oxidativo, tan relacionado con el proceso canceroso.

 

 

Recomendaciones diarias a seguir

 

 

Sabemos que toda la información proporcionadas es grande, por eso pasamos a resumir algunas recomendaciones para llevar una alimentación y estilo de vida que ayuden a evitar o paliar los efectos del cáncer.

•    Mantener el peso corporal dentro de los márgenes recomendados, es decir un índice de Masa Corporal entre 21 y 23, evitando el incremento de peso y el aumento de la circunferencia de la cintura. La alimentación de la que hemos hablado te ayudará a conseguirlo.

•    Realizar actividad física, moderada o intensa en menos cantidad de tiempo.

•    Limitar el consumo de alimentos que aportan más energía, especialmente aquellos que derivan en una potente elevación de la insulina en poco tiempo y en la anterior subida de glucosa en sangre.

•    Consumir más verduras y frutas de menor índice glucémico. Con su alto contenido en fibra te ayudarán a regular los niveles de azúcar en sangre, además de aportar minerales y vitaminas necesarios para el correcto funcionamientos de tu sistema inmune y tus funciones vitales y antioxidantes.

•    Evitar el consumo de productos ultraprocesados, incluida la carne.

•    No beber alcohol.

 

 

 

Recetas recomendadas

 

Estas son algunas recetas Dietfarma recomendadas:

 

 

       Coliflor con huevo frito y aguacate a rodajas: 506,24 kcal

 

En muchas ocasiones la dieta cetogénica es cuestionada por la teórica dificultad de encontrar desayunos apetecibles basados en grasa y proteína. Como podemos ver los huevos, aguacate y verduras de días anteriores o recién cocinadas son una excelente opción.

 

 

     Ensalada de espinacas con salmón, aguacate y nueces

 

Los pescados azules son una excelente opción por su contenido en ácidos grasos omega-3, además el contenido en nueces, ricas en minerales como fósforo, potasio y magnesio nos ayudarán a prevenir la posible falta de adherencia de la dieta relativa a la pérdida de líquidos y sales minerales.

 

 

  Calabacín relleno de nueces y queso de cabra: 284,99 kcal

Otra excelente opción donde el queso de cabra se asocia con menor inflamación del aparato digestivo gracias a la presencia de betacaseína A2 y por lo tanto una mejor digestibilidad y absorción de sus nutrientes. Una comida completa y que aportará gran saciedad para no tener que comer a las pocas horas.

 

 

   Lasaña de berenjena y carne: 474,54 kcal

Un buen contenido proteico aportará saciedad a nuestras ingestas, además de un nulo aporte de carbohidratos que nos ayudará a mantener estables las glucemias post ingesta. Las verduras aportarán además fibra, que ayudará a regular la subida de glucosa inducida por proteína algunas horas después de la ingesta.

 

 

 

Modelo de dieta recomendado

 

 

 

 

Conclusiones finales

A riesgo de repetirnos, queremos dar una visión holística del cáncer, donde no solo culpar a la genética del desarrollo del mismo y donde nuestros hábitos y costumbre tienen poder para modificar su desarrollo, entre otros la nutrición.

Nuevas corrientes basadas en estudios de hace décadas abordan el cáncer como un defecto mitocondrial donde la célula pierde su capacidad de generar energía de forma efectiva y comienza a activar genes dormidos para impulsar el metabolismo de la glucosa. Evidentemente la predisposición genética tendrá un papel fundamental en su desarrollo, pero también así todas esas acciones que derivan en la disfunción celular que puede llevar al despertar de esos genes “dormidos”.

Es por ello que durante el artículo abogamos por todas esas políticas, tanto nutricionales como de hábitos de vida que prevengan la salud mitocondrial, mantengan nuestros niveles de glucosa estables durante el día y eviten una respuesta insulínica desorbitada tan característica de nuestra alimentación habitual.

 

Bibliografía

 

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- Graduada en Nutrición y Dietética Humana por la

Universidad Isabel I de Burgos

- Licenciada en Farmacia por la Universidad de Sevilla

- Experta en Nutrición y Dietética Humana por la

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Eloisa Bocanegra

Nutricionista, Farmacéutica

y CEO de Dietfarma

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