Ingredientes
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jamoncitos de pollo 150 gr. Unidad pequeña 41.27 kcal. -
calabacín 200 gr. Pieza pequeña 27.88 kcal. -
aceite de oliva 5 gr. Cucharada de postre 900.00 kcal. -
pimienta negra 2 gr. Pellizco 226.38 kcal. -
perejil 2 gr. Pellizco 29.91 kcal.
Preparación
1. Lavar y cortar el calabacín en rodajas de 1-1,5 cm aproximadamente.
2. En un olla con agua hirviendo añadir el calabacín y cocer durante 6-10 minutos.
3. Escurrir y desechar el agua.
4. En otra olla con agua hirviendo cocer los jamoncitos de pollo durante 15-20 minutos, hasta que estén tiernos.
4. Servir y aliñar con AOVE, perejil y pimienta.
Información adicional
El hervido de jamoncitos de pollo con calabacín es un plato especialmente adecuado tanto para dietas de pérdida de peso como para dietas renales, ya que combina una proteína de alto valor biológico con una verdura de muy baja carga calórica y mineral, dando lugar a una preparación ligera, saciante y fácil de digerir.
Los jamoncitos de pollo aportan proteínas completas que ayudan a preservar la masa muscular durante el adelgazamiento, aumentan la sensación de saciedad y tienen un efecto térmico elevado, lo que favorece el gasto energético. Además, al prepararse hervidos y retirar la piel, su contenido en grasa es bajo, el sodio es mínimo y el fósforo resulta más moderado y mejor tolerado que el de carnes rojas, lo que los hace adecuados en enfermedad renal crónica en estadios iniciales y moderados, siempre ajustando la ración.
El calabacín, por su parte, destaca por su altísimo contenido en agua, su bajo aporte calórico y su escasa cantidad de potasio, fósforo y sodio, lo que lo convierte en una verdura de elección en dieta renal. Su fibra soluble suave mejora el tránsito intestinal, contribuye al control del apetito y no resulta irritante a nivel digestivo, mientras que su aporte de vitamina C y compuestos antioxidantes apoya un entorno metabólico y antiinflamatorio favorable.
En resumen, este plato permite comidas visualmente abundantes con pocas calorías, facilita el control del peso sin sensación de hambre y, al mismo tiempo, protege la función renal al evitar sobrecargas minerales y sodio, siendo una opción segura, equilibrada y muy práctica dentro de planes nutricionales terapéuticos.
