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Dieta para personas de edad avanzada

Cuando nos hacemos cada vez más mayores, nuestro cuerpo sufre cambios fisiológicos debidos al envejecimiento. 

Asimismo, somos más susceptibles a sufrir enfermedades. 

Por esto, es muy importante que en esta etapa de la vida tengamos una dieta sana, equilibrada y variada para así aportar las necesidades y nutrientes que necesitamos. 

Además de tener una actividad física moderada.
 

Gracias al aumento de la esperanza de vida en nuestra sociedad, somos más longevos y deseamos mantener un satisfactorio nivel de salud el mayor tiempo posible.

Para lograrlo, es imprescindible incluir una dieta saludable en nuestro día a día.

No se puede olvidar que, culturalmente, el momento de la comida es un momento de placer y disfrute y así debe seguir, de modo que en este artículo se ofrece información para mejorar los hábitos alimenticios sin dejar de saborear.

Uno de los aspectos más importantes de la dieta es que sea variada y equilibrada, pero cuando estamos hablando de personas mayores, esta se debe adaptar también a las necesidades específicas de esta etapa vital, pues los requerimientos nutricionales cambian.

Una dieta adecuada a esta etapa del ciclo vital puede ser terapéutica, pues es evidente que ayuda a reducir la sintomatología de innumerables patologías, como la obesidad, hipertensión, diabetes…

Hay que tener en cuenta también que se trata de un colectivo con características muy dispares, ya que no todos poseen unos similares niveles de salud y hay que indagar en el contexto socio-cultural que envuelve a cada persona, pues las elecciones nutricionales pueden depender del nivel socio-económico, de la soledad, dependencia de terceras personas, etc…

No deja de resultar llamativo como en países desarrollados en los que no hay falta de alimentos, existen casos de desnutrición en colectivos “ricos”, debidos a la forma de vida occidental.

Al iniciar una dieta, debemos asegurarnos primero de que se han tenido en cuenta las preferencias y aversiones individuales, pues facilitará el éxito y la adherencia a la misma.

En este artículo nos centraremos en orientar al lector para ayudarle a prevenir las llamadas enfermedades carenciales.

Pero primero…

 

 

 

¿Qué es el envejecimiento?

 

La definición de envejecimiento más aceptada es la que considera el envejecimiento como la suma de todas las alteraciones que se producen en un organismo con el paso del tiempo y que conducen a una pérdida progresiva de las capacidades funcionales.

Comienza a producirse en un momento indeterminado del ciclo vital y es muy posible que no coincida con la edad cronológica (tiempo transcurrido desde el nacimiento) y la edad fisiológica (considerada en términos de capacidad funcional), propia de la persona.

La OMS considera personas mayores a aquellos individuos que tienen 60 años o más.

En cualquier caso, para la mayoría de los países desarrollados se acepta la vejez como la etapa que empieza alrededor de los 65 años.

 

Las características propias del envejecimiento son las siguientes:

• Menor adaptabilidad debida a la disminución de los mecanismos de reserva funcional de los diferentes sistemas y órganos.
• Mayor riesgo de contraer enfermedades en relación con otras etapas del ciclo vital.
• Disminución de la independencia personal, con menos capacidad para ser autónomos.
• Aislamiento, con tendencia a la soledad, consecuencia de las pérdidas y de la menor disponibilidad de recursos psicofísicos para permanecer en la corriente social dominante.
• Sensación de hallarse al final de la existencia sostenido por la menor vitalidad y capacidad personal y la amenaza que representa la última edad.

 

 

 

¿Qué cambios se producen en el cuerpo en el envejecimiento?

 

•    Aumento y redistribución de la masa grasa:

Pasando de un 15 % del peso corporal, normal en el varón adulto, a un 30 % a los 75 años.

Además, la masa grasa se redistribuye de modo que se produce un aumento en la grasa peri-visceral y una disminución de la grasa subcutánea.

 

•    Descenso de la masa magra:

Como consecuencia de la pérdida progresiva de tejidos, principalmente musculares, ya que la masa muscular representa alrededor del 45 % del peso del cuerpo en la segunda década de la vida y en torno al 27 % del peso corporal a los 70 años.

 

•    Disminución en el contenido de agua:

El agua, que puede representar hasta el 70 % del peso corporal en un adulto joven, pasa a representar el 40 % en las personas mayores.

 

•    Disminución del contenido mineral óseo:

La osteoporosis senil es una de las principales enfermedades de la vejez, especialmente en mujeres.

El hueso de la mujer puede perder hasta un 40 % del calcio a lo largo de su vida, la pérdida comienza en la menopausia (ahí se pierde aproximadamente la mitad del calcio) y continúa a partir de los 60 años.

 

•    La pérdida de tejido metabólicamente activo:

La pérdida de tejido metabólicamente activo condiciona una disminución en el gasto energético basal que puede oscilar entre un 10% y un 20 %.

Si tenemos en cuenta que también disminuye la actividad física del mayor, los requerimientos de energía serán menores.

 

•    Reducción en la estatura corporal:

Reducción en la estatura corporal en el anciano asociada principalmente a la compresión de las vértebras.

Por este motivo, el normo-peso en este grupo poblacional se define con un índice de masa corporal (IMC) entre 23 y 28 kg/m2 mientras que en los adultos el normo-peso se define con un IMC adecuado entre 18,5 y 25 kg/m2.

 

•    Deterioro del gusto y del olfato:

A partir de los 60 años y de manera acusada a partir de los 70 años, aparece un deterioro de los sentidos del olfato y del gusto.

La disminución del número de papilas gustativas condiciona una disminución en la percepción y/o una alteración de los sabores.

Este desorden, conocido como hipogeusia, está relacionado con la deficiencia de zinc, aunque también podría ser debido a deficiencias en vitaminas A, B6 y ácido fólico.

 

 

 

Enfermedades asociadas durante la edad avanzada

Dentro de la presencia de enfermedades debemos destacar la importancia que cobran en esta etapa dos condiciones: por una parte, las alteraciones en la deglución, y, por otra, las interacciones alimento-medicamento, ya que las personas de edad avanzada están más expuestas a ambas situaciones.

 

-    Disfagia:

Se entiende por disfagia la dificultad para realizar el proceso normal de la deglución del bolo alimenticio, los líquidos, la saliva o cualquier fármaco.

La disfagia en realidad no es una enfermedad, sino un síntoma que aparece en situaciones y patologías muy variadas y adquiere importante relevancia clínica, ya que puede tener repercusiones graves para la salud y afectar significativamente a la calidad de vida de quien la presenta.

La alimentación en las personas con disfagia exige una modificación en la textura y consistencia de los alimentos, tanto líquidos como sólidos, adaptándolos al nivel de aceptación por parte del paciente.

 

-    Interacción alimento-medicamento:

Una interacción entre un nutriente y un alimento puede definirse como:

  • La modificación de los efectos de los nutrientes por la administración anterior o simultánea de un medicamento.
  • La modificación de los efectos de un medicamento por la administración anterior o simultánea de un nutriente.

El término interacción suele estar asociado a una aparición de efectos inesperados, siendo la mayoría de ellos dañinos o incluso tóxicos.

 

 

 

¿Qué es una dieta equilibrada?

 

 

Es aquella que adecua la ingesta de energía y nutrientes a las necesidades individuales y a las recomendaciones nutricionales.

Debe ser SANA, VARIADA y PALATABLE.

Es decir, por una parte, nos aportará toda la energía y nutrientes necesarios para evitar carencias, mientras que por otra parte resultará de utilidad para la prevención de enfermedades de patologías corrientes.
 

 

 

Recomendaciones dietéticas de energía y nutrientes durante la edad avanzada

En el colectivo de las personas mayores, hay que diferenciar entre adultos sanos y enfermos para saber cuáles son las recomendaciones dietéticas.

Hay que tener en cuenta que las recomendaciones dietéticas en este colectivo suelen ser extrapolaciones a partir de otros grupos de edad, lo cual deja mucho que desear en cuanto a su adecuación.

A su vez, estas también varían entre distintos países por lo que todavía se complica más el ajuste.

A continuación, se muestran los cambios que se producen en los requerimientos nutricionales a medida que nos hacemos mayores:

 

•    Disminución en las necesidades calóricas:

El metabolismo basal disminuye entre un 10% y un 20 % entre los 30 y 75 años debido a la pérdida de masa muscular.

Asímismo, con la disminución de la actividad física, se disminuye el consumo de energía.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda que los adultos de 65 años en adelante dediquen 150 minutos semanales a realizar actividades físicas moderadas aeróbicas, o bien algún tipo de actividad física vigorosa aeróbica durante 75 minutos, o una combinación equivalente de actividades moderadas y vigorosas.

 

•    Deshidratación:

El incremento en la susceptibilidad a la deshidratación debido a una reducida sensación de sed y cambios corporales.

Es decir, es más fácil deshidratarse.

No obstante, las necesidades de agua en las personas mayores están aumentadas por varias razones:

  1. Disminución de la capacidad para concentrar la orina.
  2. Menor proporción de agua corporal total.
  3. Uso crónico de laxantes y diuréticos en muchas ocasiones.
  4. Reducción voluntaria de la ingesta de agua para evitar la incontinencia, especialmente en la franja nocturna.
  5. Disminución de la sensación de sed.

 

•    La polimedicación:

La polimedicación puede afectar el apetito y a la disponibilidad de vitaminas y minerales.

Hay que tener en cuenta que lo más habitual es que se tomen a diario más de tres fármacos distintos.

 

 

La siguiente tabla muestra algunas carencias asociadas al consumo de medicamentos:
 

Medicamentos  Riesgo asociado
Colestiramina (tto. colesterol) Déficit de vitaminas liposolubles (A, D, E y K) y carotenoides
Corticoides (tto. enf. respiratorias, inflamatorias, autoinmunes...) Osteoporosis, déficit ácido fólico
Antiepilépticos

Déf. Vitamina D y calcio. 

Vitaminas del grupo B, déficit ácido fólico

Heparina Osteoporosis, déf. Vit K
Diuréticos

Pérdida vit. Hidrosolubles, potasio y magnesio 

Laxantes Déf. Ácido fólico, vit. Hidrosolubles
Hipoglucemiante metformina Déf. Ácido fólico y vit. B12
IBP (omeprazol, pantoprazol...) Déf. Vit. B12, vit. C, calcio, hierro, magnesio 
Antidepresivos Déf. selenio

 

•    En muchas ocasiones, si no se cubren las necesidades nutricionales mediante los alimentos, puede ser necesario administrar suplementos de vitaminas y minerales para completar la dieta.

Deberán administrarse suplementos orales cuando exista desnutrición o riesgo de desnutrición y la educación nutricional y la fortificación de alimentos y dietas no haya sido suficiente para incrementar la ingesta energética y alcanzar los objetivos nutricionales. 

También se recomienda ofrecer suplementos orales a personas mayores hospitalizadas con malnutrición y desnutrición, así como al alta hospitalaria.

Los suplementos orales ofrecidos deben proporcionar al menos 400 kcal y 30 g de proteínas diariamente, y deben mantenerse al menos durante un mes.

 

 

 

Envejecimiento y actividad física en personas de edad avanzada

 

Otro factor de interés es la actividad física. Actualmente se conoce que un hábito de actividad física diaria contribuye a modificar la composición corporal, el apetito, el estado de ánimo y la regulación de la ingesta.

Por otra parte, cabe destacar el bucle de apatía y desinterés por los alimentos en personas que se hallan solas o aisladas, que desemboca en una menor compra de alimentos y un progresivo deterioro.

Con una intervención dietética se procura retrasar al máximo el deterioro fisiológico propio de la edad avanzada con su consecuente invalidez.

No solo importan los años de vida, sino que también la calidad de los mismos.

 

 

 

Recomendaciones dietéticas en la dieta para personas con edad avanzada

 

Partimos de la base que la dieta mediterránea es una dieta de calidad asociada a una menor mortalidad y a una mejora de la calidad de vida en las personas mayores.

Por tanto, los siguientes grupos de alimentos deben constituir la base de la dieta de una persona mayor:

1.  Verduras y hortalizas

Tomar un mínimo de dos o más raciones diarias de verduras y hortalizas, en especial de verduras de hojas verdes.

Consumir hortalizas y verduras frescas.

Se recomienda que una de las raciones diarias sea en forma cruda (ensalada variada) y en caso de existir problemas en la deglución, pueden ofrecerse en forma de zumo vegetal, como el gazpacho.

La otra ración será preferentemente en forma de verduras cocidas y, de ser necesario, presentada en forma de puré.

 

2. Frutas:

Deben consumirse diariamente al menos tres raciones de frutas, algunas en forma cruda para conservar todas sus propiedades nutricionales, aunque también pueden presentarse en forma de macedonia, asadas o en forma de zumo ocasionalmente.

 

3. Cereales y pastas:

Una buena práctica es sustituir el pan blanco por el pan integral, ya que con este gesto duplicamos el aporte de fibra, magnesio, hierro y zinc, cuyas ingestas puede que sean bajas en los adultos mayores.

 

4. Carnes y derivados:

Se recomienda el consumo de dos a tres raciones de carnes magras a la semana.

Se debe dar preferencia a las opciones culinarias que facilitan la masticación (por ejemplo, albóndigas).

Se debe limitar al máximo el consumo de embutidos, ya que son una fuente de ácidos grasos saturados.

 

5. Pescados:

La ingesta de pescado debe superar a la de carne con cuatro o cinco raciones semanales.

 

6. Huevos:

Se recomienda el consumo de tres raciones de huevo a la semana en tortilla o cocidos.

Si se consume solo la clara, el consumo total puede ser mayor.

Se trata de un alimento con proteínas de excelente calidad, rico en vitaminas y que como ventaja adicional es barato, fácil de conservar, de preparar y de digerir.

 

7. Leche y derivados lácteos:

Es el grupo de alimentos que aporta mayor cantidad de calcio a la dieta.

Dado que su contenido en grasa saturada es variable, se aconseja la utilización de leche semidesnatada, yogures y queso fresco.

En personas con intolerancia a la lactosa es recomendable el consumo de leches fermentadas con probióticos y/o prebióticos.

Se recomiendan tres raciones diarias de este grupo.

 

8. Frutos secos:

Son una gran fuente de energía, puesto que contienen grasa (cardiosaludable). También aportan fibra y micronutrientes, como calcio, magnesio, hierro, zinc y vitamina E.

 

9. Aceites y grasas:

Se recomienda especialmente para consumo crudo el aceite de oliva virgen extra.

No es aconsejable el consumo excesivo de frituras por sus efectos negativos en la digestión y en el perfil lipídico, siendo mejor dejarlas reposar en papel absorbente para eliminar una parte del aceite. 

 

 

 

Alimentos desaconsejados para la edad avanzada

A continuación, se muestran alimentos que son desaconsejados para las personas de edad avanzada:

 

1.  Dulces y bollería:

Evitar los alimentos con pocos nutrientes tales como el azúcar de mesa y alimentos hechos con harinas refinadas (pan blanco y bollería).

 

2. Alcohol:

No se recomienda consumo alcohólico alguno.

Si se toma, solo el equivalente a no más de 30 ml de alcohol al día.

 

3. Sal:

Limitar la ingesta de sal a 5 g/día. Limitar el uso de sal al cocinar y evitar añadirla a la mesa.

 

Moderar el consumo de alimentos salados y procesados.

 

 

 

 

Recomendaciones generales a seguir en una dieta para edad avanzada

 

Ahora, os mostramos pautas generales para la dieta de las personas con edad avanzada:

 

1. Equilibrar la ingesta calórica y la actividad física para mantener el peso adecuado.

2. La ingesta debe estar repartida cuatro o preferentemente cinco veces a lo largo del día.

El contenido debe ser mayoritariamente vegetal, contar con agua suficiente y debe permitir mantener peso adecuado, para evitar la obesidad.

3. Debe darse prioridad a los platos tradicionales en los que las leguminosas y los vegetales sean la base (potajes) y los pescados, el condimento.

4. La dieta adecuada para una longevidad saludable debe corregir los defectos de la alimentación actual, que son una escasa instrucción dietética, un inadecuado reparto de comida a lo largo del día, «picar» en demasía, ingerir poca fibra y falta de algunos micronutrientes.

5. Actividad física. Las personas mayores deben realizar actividad física acorde con sus posibilidades.

Aunque no deja de tener un riesgo animar a las personas mayores a incrementar la actividad física, el peligro de permanecer innecesariamente inactivo puede ser mayor.

 

 

Una actividad física adecuada disminuye la pérdida de masa ósea, disminuye los lípidos sanguíneos, reduce la glucemia y el riesgo de diabetes y mejora el estatus cardiovascular.

Puede evitar la sarcopenia, mejorar la masa y fuerza muscular e incluso ser una buena estrategia para mantener un buen estado anímico y funcional.

 

 

 

Dificultades de adherencia a la dieta para personas mayores

Al adaptar la dieta para procurar prevenir determinadas enfermedades, ocurre que las sustancias que se suelen restringir (sal, azúcar y grasas) son las que aportan palatabilidad a los platos.

Puede ocurrir en ocasiones que esta restricción lleve a que la comida resulte menos apetecible y, en una etapa especialmente vulnerable, conduzca a reducir la ingesta de alimentos, con el riesgo de desnutrición que conlleva.

En este caso, puede ser incluso más grave que la propia patología que se pretendía prevenir, así que hay que actuar con sumo cuidado.

No es extraño que la ingesta disminuya con la edad, sino más bien un hecho propio de la fisiología humana, pero si a esto le añadimos determinadas restricciones se puede provocar un deterioro nutricional prematuro.

Por otra parte, aunque el paciente tenga cierta edad, probablemente le guste mantener los hábitos culinarios de los que disfrutaba con anterioridad, y esto puede ser difícil de mantener por diferentes razones, como:

•    Mala salud bucodental (falta de piezas, infecciones…)
•    Problemas digestivos
•    Efectos adversos añadidos al consumir sustancias como alcohol
•    Menor habilidad para cocinar
•    Deterioro de los receptores gustativos

 

 

 

Densidad de nutrientes

A las dificultades anteriores, debemos añadir que la eficacia digestiva y de absorción se ven disminuidas.

El coeficiente de digestibilidad se conoce como el porcentaje de nutriente absorbido respecto al ingerido, y depende tanto del individuo como del tipo de alimento.

Se procurará aumentar la densidad de nutrientes en PM, es decir, lograr que en la misma cantidad de calorías se incrementen los nutrientes que pueden ser susceptibles de provocar carencias, sin dejar de lado la palatabilidad de la dieta. 

 

 

 

Recetas recomendadas para personas en edad avanzada

A continuación, Dietfarma te ofrece algunas recetas saludables y deliciosas, aptas para el manejo de su enfermedad.

 

                               Cocido: 652, 86 kcal

 

       Salmorejo (SIN PAN): 127,3 kcal

 

                Albóndigas de bacalao: 296, 89 kcal

 

        Merluza al vapor con crema de verduras: 286, 92 kcal

 

 

 

 

Modelo de dieta saludable para personas de edad avanzada

A continuación mostramos un ejemplo de una dieta saludable para personas de edad avanzada que quieran mantener su peso.

 

 

 

 

Preguntas frecuentes

 

 

    ¿A partir de qué edad se considera a una persona “mayor”?

La OMS considera personas mayores a aquellos individuos que tienen 60 años o más.

En cualquier caso, para la mayoría de los países desarrollados se acepta la vejez como la etapa que empieza alrededor de los 65 años.

 

    ¿Qué valor de IMC se considera normopeso en una persona mayor?

El normopeso en este grupo poblacional se define con un índice de masa corporal (IMC) entre 23 y 28 kg/m2 mientras que en los adultos el normopeso se define con un IMC adecuado entre 18,5 y 25 kg/m2.

 

    ¿Cambia el metabolismo basal con la edad?

El metabolismo basal disminuye entre un 10% y un 20 % entre los 30 y 75 años debido a la pérdida de masa muscular.

 

    ¿Son necesarios los suplementos en las personas mayores?

Es necesario considerar que la recomendación general es intentar cubrir las necesidades nutricionales mediante los alimentos, siempre que sea posible.

Cuando no es así, está indicada la administración de suplementos de vitaminas y minerales para completar la dieta.

 

 

 

 

Conclusiones

El proceso de envejecimiento, en términos biológicos, se caracteriza esencialmente por una pérdida de nuestros mecanismos de reserva, lo que implica un aumento de la vulnerabilidad ante estímulos cada vez menos potentes. 

Los cambios fisiológicos asociados al envejecimiento tienen una repercusión en el metabolismo energético y en la reserva funcional orgánica y, por tanto, pueden estar relacionados con el estado nutricional del individuo.

La recomendación general es intentar cubrir las necesidades nutricionales mediante los alimentos, siempre que sea posible.

Cuando no es así, está indicada, por ejemplo, la administración de suplementos de vitaminas y minerales para completar la dieta.

 

 

 

 

Bibliografia

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