Pautas dietéticas recomendadas en mayores

09.01.2018 0

Pautas dietéticas recomendadas en mayores

Aumento de la esperanza de vida

El aumento de la esperanza de vida es uno de los grandes avances que han tenido lugar en los últimos cien años. A principios del siglo XX la esperanza de vida era de unos 45 años y en la actualidad en España está en torno a los 82 años. Se calcula que en 2050 la tasa de octogenarios estará en torno al 12 %. Entre todos los factores que influyen positivamente en este hecho (la mejora de la vivienda, de la sanidad ambiental y la medicina), la nutrición es uno de los factores determinantes.

Consecuencias del aumento de la esperanza de vida

Con el aumento de la esperanza de vida existen una serie de deterioros en esta etapa de la vida, debido al déficit en las funciones y sistemas del individuo ocasionados por el desgaste de la actividad de su vida:

  • Menor adaptabilidad al disminuir los mecanismos de reserva funcional de los sistemas orgánicos.
  • Inclinación por enfermar en mayor medida que en otras edades, favorecida por la acentuada vulnerabilidad orgánica y psíquica.
  • Disminución de la independencia personal, con menos capacidad para ser autónomos, poder hacer lo que se desea y quiere.
  • Aislamiento, con tendencia a la soledad, consecuencia de las pérdidas y de la más escasa disponibilidad de recursos psicofísicos para permanecer en la corriente social dominante.
  • Sensación de hallarse al final de la existencia sostenido por la menor vitalidad y capacidad personal y la amenaza que representa la última edad.

Por lo tanto, es importante considerar las mejoras de calidad de vida de este colectivo. Según un estudio realizado en una residencia de ancianos, el 84% de los mayores necesitas en su totalidad del personal para realizar sus actividades cotidianas; el 97% refiere que no cuenta con una buena relación y participación en actividades efectuadas en el Asilo manifestando signos de agresividad, ansiedad, depresión y patologías propias de la edad.

Se observa que existe un porcentaje de adultos mayores que no reciben la atención integral y óptima por parte del personal profesional, lo que provoca una disminución en su calidad de vida unido de un estado de desnutrición. (2)

¿Se modifican los requerimientos nutricionales de los mayores?

Sus requerimientos nutricionales se ven modificados en los mayores, debido a los cambios fisiológicos, metabólicos y psicológicos que, unidos a la presencia de enfermedades y a una disminución de la actividad física se experimentan en esta etapa.

Cuanto mayor es el individuo, sus requerimientos son más complejos y también las limitaciones que surgen a la hora de ingerir, digerir, absorber y utilizar nutrientes.

¿Qué pautas son recomendadas?

Es difícil establecer principios generales de alimentación en las personas mayores ya que hay una larga serie de variables y circunstancias como la edad, el sexo, el nivel asistencial del mayor (domicilio, residencia u hospital), estado de salud, historia dietética anterior, fármacos consumidos, actividad física, cambios en la situación social, etc. que van a condicionar su alimentación.

Es fundamental individualizar las recomendaciones para cada persona, no obstante, son aceptadas ciertas indicaciones de carácter general.

Pautas generales recomendadas:

1. Equilibrar la ingesta calórica y la actividad física para mantener el peso adecuado.

2. Verduras y hortalizas. Tomar un mínimo de 2 o más raciones diarias de verduras y hortalizas en especial de verduras de hojas verdes. Consumir hortalizas y verduras frescas. Se recomienda que una de las raciones sea en forma cruda (ensalada variada) y en caso de existir problemas en la deglución pueden ofrecerse en forma de zumo vegetal, como el gazpacho. La otra ración será preferentemente en forma de verduras cocidas y, de ser necesario, presentada en forma de puré.

3. Frutas. Deben consumirse diariamente tres raciones de frutas, algunas en forma cruda para conservar todas sus propiedades nutricionales, aunque también pueden presentarse en forma de macedonia, asadas o en forma de zumo ocasionalmente.

4. Cereales y pastas. Una buena práctica es sustituir el pan blanco por el pan integral ya que con este gesto duplicamos el aporte de fibra, magnesio, hierro y zinc, cuyas ingestas puede que sean bajas en los adultos mayores.

5. Carnes y derivados. Se recomienda el consumo de 2 a 3 raciones de carnes magras a la semana. Se debe dar preferencia a las opciones culinarias que facilitan la masticación (por ejemplo, albóndigas). A pesar del elevado contenido en colesterol de las vísceras, es recomendable incluir una ración de hígado cada 15 días ya que proporciona vitaminas A, D, B12, ácido fólico y hierro de alta biodisponibilidad. Por el contrario, se debe limitar al máximo el consumo de embutidos ya que son una fuente de ácidos grasos saturados.

6. Pescados. La ingesta de pescado debe superar a la de carne con 4 o 5 raciones semanales por varios motivos:

  • El pescado azul aporta grasa insaturada, beneficiosa para la prevención de enfermedades cardiovasculares.
  • Su proteína tiene calidad biológica similar a la carne y es más fácil de digerir.
  • Como recomendación, en personas mayores es preferible el consumo de pescados sin espinas para evitar accidentes.

7. Huevos. Se recomienda el consumo de tres huevos por semana en tortilla o cocidos. Si se consume solo la clara, el consumo total puede ser mayor. Se trata de un alimento con proteínas de excelente calidad, rico en vitaminas y que como ventaja adicional es barato, fácil de conservar, preparar y digerir.

8. Leche y derivados lácteos. Es el grupo de alimentos que aporta mayor cantidad de calcio a la dieta. Dado que su contenido en grasa saturada es variable, se aconseja la utilización de leche semidesnatada, yogures y queso fresco. En personas con intolerancia a la lactosa es recomendable el consumo de leches fermentadas con probióticos y/o prebióticos. Se recomiendan tres raciones diarias de este grupo.

9. Frutos secos. Son una gran fuente de energía puesto que contienen grasa (cardiosaludable), fibra y también aportan micronutrientes como calcio, magnesio, hierro, zinc y vitamina E.

10. Aceites y grasas. Se recomienda especialmente para consumo crudo el aceite de oliva virgen. No es aconsejable el consumo excesivo de frituras, deben reposar en papel absorbente para eliminar una parte del aceite.

11. Dulces y bollería. Evitar los alimentos con pocos nutrientes tales como el azúcar de mesa y alimentos hechos con harinas refinadas (pan blanco y bollería).

12. Alcohol. No se recomienda consumo alcohólico alguno. Si se toma, solo el equivalente a no más de 30ml de alcohol al día.

13. Sal. Limitar la ingesta de sal a 6 g/día. Limitar el uso de sal al cocinar y evitar añadirla a la mesa. Moderar el consumo de alimentos salados y procesados.

14. La dieta adecuada debe estar repartida 4 o preferentemente 5 veces a lo largo del día. El contenido debe ser mayoritariamente vegetal, contar con agua suficiente y debe permitir mantener peso adecuado, para evitar la obesidad.

15. Las personas mayores deben comer por lo menos una comida caliente al día. Si no se dispone de tiempo o a la persona mayor le resulta difícil cocinar, es conveniente preparar una gran cantidad de una sola vez y congelar en porciones.

16. Debe darse prioridad a los platos tradicionales en los que las leguminosas y los vegetales sean la base (potajes) y los pescados el condimento.

17. La dieta adecuada para una longevidad saludable debe corregir los defectos de la alimentación actual, que son: una escasa instrucción dietética, un inadecuado reparto de comida a lo largo del día, «picar» en demasía, ingerir poca fibra y falta de algunos micronutrientes.

18. Actividad física. Las personas mayores deben realizar actividad física acorde con sus posibilidades. Aunque no deja de tener un riesgo animar a las personas mayores a incrementar la actividad física, el peligro de permanecer innecesariamente inactivo puede ser mayor. Una actividad física adecuada disminuye la pérdida de masa ósea, disminuye los lípidos sanguíneos, reduce la glucemia y el riesgo de diabetes y mejora el estatus cardiovascular. Puede evitar la sarcopenia, mejorar la masa y fuerza muscular e incluso ser una buena estrategia para mantener un buen estado anímico y funcional.

Conclusiones

Las personas de edad avanzada constituyen dentro de los países desarrollados el grupo de población con más prevalencia de desnutrición, por lo tanto es muy importante el control de la alimentación de los mayores.

Existe una interacción de la nutrición con el envejecimiento a dos niveles: por un lado, puede empeorar o mejorar la pérdida de tejidos y funciones asociada a la edad y, por otro, debido a la relación existente y demostrada entre los factores dietéticos y las enfermedades crónicas.

Además, existe una disminución de la energía asociada a la edad y a la merma de la actividad física que dificulta la adquisición de los nutrientes, y son las necesidades de estos iguales o incluso mayores que en adultos jóvenes.

BIBLIOGRAFIA:

  1. UD2. Alimentación en las personas mayores. En: Grado Nutrición Humana y Dietética. Nutrición y ciclo vital. Burgos: Universidad Isabel I; 2018.
  2. De la Cruz de la Cruz, Dolores Fernanda. Mejoramiento en la calidad de vida de adultos mayores; hogar Susana Mancheno de Pino; Cantón Otavalo. Ecuador: Facultad de Ciencias de la salud. 3 de Enero de 2018 (consultado el 8 de Enero de 2018). Disponible en: http://repositorio.utn.edu.ec/handle/123456789/7763
Imagen de EloisaBocanegra
Por
Eloisa Bocanegra Carmé
Licenciada en Farmacia y experta en nutrición y dietética